¿Qué Significa Estar

 

“EN CRISTO”?

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  1. La humanidad puede ser dividida en dos grupos: 1) los que están afuera de Cristo (Colosenses 4:5; 1 Tesalonicenses 4:12); 2) Los que están “EN CRISTO” (2 Corintios 5:17; Romanos 8:1).

 

  1. Por el primer nacimiento el hombre está “EN ADÁN” (1 Corintios 15:22) y forma parte de la vieja creación que fue arruinada por la caída. Por el segundo nacimiento (Juan 3) el hombre está en “EN CRISTO” (1 Corintios 15:22) y forma parte de la nueva creación (2 Corintios 5:17).

 

  1. Pasajes clave: 1) 2 Corintios 5:17 (mi nueva posición); 2) Efesios 1:3 (mis bendiciones espirituales); 3) 1 Corintios 1:5 (mis abundantes riquezas).

 

  1. ¿Cómo llegué a estar “EN CRISTO”? ¿Cómo me sucedió ésto? ¿Cómo se realizó ésto?

 

La parte del hombre =FE (Gálatas 3:26)

La parte de Dios =BAUTISMO (Gálatas 3:27). Cuando fui salvo,

Dios me bautizó (me sumergió) en Jesucristo.

 

Este bautismo no es el bautismo en agua. Es un bautismo real que sucedió en el

momento en que fui salvo, cuando Dios me sumergió o me puso en Su Hijo, IDENTIFICÁNDOME así con Cristo. Esta es mi POSICIÓN y mi CONDICIÓN.

 

  1. ¿QUIÉN SOY YO? ¿QUÉ SOY YO?

 

EN CRISTO….

 

Yo soy una nueva criatura (2 Co.5:17; cf. Gá.5:6; 6:15; Ef.2:10).

Yo soy un santo (1 Co. 1:2).

Yo soy parte de Su Iglesia (Ef. 2:21-22).

Yo soy templo del Espíritu de Dios (Ef.2:22).

Yo estoy en el eterno plan de Dios (Ef.1:4; 2 Ti.1:9).

Yo estoy completo y lleno de la plenitud de Cristo (Col. 2:9,

     y comparar con Col.1:19).

Yo he sido enriquecido (1 Co. 1:5).

Yo he sido aceptado, porque el favor de Dios ha sido derramado sobre mí (Ef.1:6).

Yo soy luz (Ef.5:8)

Yo estoy seguro en el amor de Dios (Rom.8:38-39).

Yo estoy confirmado, arraigado y sobreedificado (2 Co.1:21; Col.2:7).

Yo he sido circuncidado interiormente (Col. 2:11).

Yo estoy cerca del corazón de Dios (Ef.2:13).

 

MI RESPONSABILIDAD EN VISTA DE ESTOS HECHOS:

 

Por fe tengo que reconocer que es así. Tengo que verme como Dios me ve.

 

  1. ¿QUÉ TENGO? ¿QUÉ POSEO?

 

EN CRISTO….

 

Tengo toda bendición espiritual (Efesios 1:3)

Tengo vida eterna, una relación eterna con Dios (1 Jn 5:11; 1 Co.15:22 y Rom.6:23).

Tengo una gloriosa salvación (2 Ti.2:10)

Tengo una preciosa herencia (Ef. 1:4; cf.1 Pedro 1:4, Rom.8:17).

Tengo un futuro glorioso (Efesios 1:4-5).

Tengo una posición celestial—sentado con ÉL (Ef.2:6).

Tengo un llamamiento supremo (Fil. 3:14).

Tengo la esperanza de la gloria eterna (1 Pedro 5:10).

Tengo la justicia perfecta de Dios (2 Co.5:21; 1 Co.1:30; 6:11).

Tengo santificación o santidad (1 Co.1:2; 1:30; 6:11).

Tengo la sabiduría de Dios (1 Co.1:30; cf. Col.2:3 y 1 Co.2:16).

Tengo redención o libertad de la esclavitud (Ef.1:7; Col.1:14; Rom.3:24; 1 Co.1:30).

Tengo seguridad (Rom.8:1)

Tengo total perdón (Ef.1:7; Col.1:14; 1 Co.6:11—“lavados”).

 

MI RESPONSABILIDAD EN VISTA DE ESTOS HECHOS:

 

Por fe tengo que poseer mis posesiones y disfrutar mis riquezas.

 

  1. COSAS PRÁCTICAS

 

EN CRISTO…

 

Yo ando y vivo (Col.2:6).

Estoy firme y seguro (Fil.4:1).

Tengo una victoria constante (2 Co.2:14).

Soy fructífero (1 Co.15:58; Ef.2:10).

Todo lo puedo (Fil. 4:13).

Puedo acercarme a Dios (Efesios 2:13,18).

Tengo todo lo que necesito (Fil.4:19).

Puedo regocijarme siempre (Fil.4:4; 1 Pedro 1:8).

Tengo una esperanza purificadora (1 Juan 3:3).

Soy fuerte (2 Ti.2:1; Ef.6:10).

Soy fiel (Efesios 1:1).

Tengo fe y amor (1 Ti.1:14).

Puedo ser maduro (Col.1:28).

 

MI RESPONSABILIDAD EN VISTA DE ESTAS COSAS:

 

Vivir y andar por fe (Colosenses  2:6).

 

 

“EN CRISTO”

 

[de Truth for Believers (Verdad para Creyentes)

Vol.II, pp.29-36]

J.A.Trench

(De los primeros Hermanos de Plymouth)

 

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Al buscar la luz de las Escrituras en cuanto al significado de la expresión “en Cristo”, es importante tener en mente que el punto de partida del cristianismo es Cristo ocupando, como hombre, un nuevo lugar en las alturas, por haber realizado la obra de la redención. “En Cristo” señala este lugar como el de todo aquel que cree a Dios gracias al valor de la obra por la cual Cristo ha tomado Su lugar en las alturas. En vista de esa obra ÉL ha ganado, en justicia, el derecho de sentar a cada creyente en Su lugar, en vida, justicia y en total aceptación ante Dios. En Cristo se encuentra la nueva esencia de la vida cristiana, tal como se posee en ÉL. Es una vida que nunca antes había existido, en un Hombre resucitado, quedando en el pasado todo asunto de pecado y muerte, el juicio de Dios y el poder de Satanás. Expresa también la justicia en la que está el creyente: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Nuestra aceptación no es diferente, pues es “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efesios 1:6). Y en una frase que lo incluye todo (Col.2:10), estamos en ÉL — “completos en ÉL” –quien, como el Hombre exaltado en lo alto, está por sobre todo principado y potestad. Además, aprendemos del Señor en Juan 14:20 que, cuando viniera el Espíritu, sería el privilegio del creyente saber que Cristo está en el Padre y nosotros en ÉL y ÉL en nosotros. Pero hay dos maneras en que esta nueva y maravillosa posición del cristiano es presentada en la Biblia.

 

Primero, como ya hemos visto, de manera objetiva; es decir, como nos es revelado mediante la fe, en toda su perfección, en el Cristo resucitado y glorificado. Luego en los tratos de Dios con nosotros, para que entremos subjetivamente a esta posición; es decir, para que lleguemos a estar conscientes de todas las bendiciones de la posición en Cristo ante Dios. Para un estudio profundamente interesante de estos caminos de Dios con nosotros, nos volvemos a la epístola a los Romanos, donde se encuentran los grandes fundamentos de la verdad de cómo Dios, por la gracia que reina para justicia, puede elevar a un pobre pecador a un parentesco con ÉL Mismo. Nuestra posición en Cristo se muestra plenamente recién en el capítulo 8:1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo.” Mucho se ha dicho en la epístola para llegar a tal declaración—mucho, que ha sido necesario para que nuestras almas accedan a ello con inteligencia. “Ninguna condenación” no expresa solamente que estoy justificado, sino que, por estar en  Cristo, es imposible que sea condenado. Ninguna ola de juicio pudo alcanzar a Noé, encerrado en el arca por el Señor. La condenación tendría que alcanzar primero a Cristo en el lugar de Su gloria, antes de que pueda alcanzar a los que están en ÉL. Volvamos pues a delinear lo que ha llevado al creyente a esa posición, libres para mirar a Cristo y saber que la posición de Cristo es la única medida de la nuestra. Toda la primera parte de la epístola ha tratado con nuestros pecados y cómo Dios ha resuelto nuestro caso en relación a ellos. Esto ha sido por el doble aspecto de la obra de Cristo: como la propiciación por medio de la fe en Su sangre, poniendo la base para que Dios sea justo al justificar a cualquier pecador impío que cree en Jesús (Rom. 3:25), y como sustituto de todos los que han creído; porque “ÉL fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Rom.4:25). De modo que en cuanto confiamos en el testimonio de Dios respecto a estos hechos realizados por la obra de Cristo, tenemos paz para con Dios por medio de ÉL (Rom.5:1), y recibimos el Espíritu Santo, por cuyo poder hemos entrado a nuestra posición cristiana y la disfrutamos. Pero antes de estar en condición de entrar y disfrutar, hay un asunto más profundo que nuestros pecados, que tiene que ser enfrentado y resuelto para con Dios, a saber, el problema del pecado. Esto se aborda en Rom 5:12 y es el tema de los capítulos 6 y 7. “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Solo después de caer en pecado, Adán llegó a ser la cabeza de la raza humana,  involucrando así a toda la raza en su ruina. De él heredamos una carne caída y corrupta e incapaz de hacer el bien. Esta es la raíz que ha producido todo el mal en nuestra vida. La solemne verdad de esto, de nuestra condición natural, Dios la muestra a cada uno en Sus tratos con nosotros, para que experimentemos la real liberación de ese estado, tal como tuvimos que ser convencidos de nuestros pecados para conocer el perdón y la paz. El proceso es doloroso y humillante, como se nos aclara en el capítulo 7; pero es necesario, para quebrantar la voluntad de la carne, que nos demos cuenta de su incorregible maldad y de nuestra total impotencia ante ella. Tarde o temprano, ya sea antes de conocer el perdón o después, todos tenemos que pasar por esta experiencia de aprender lo que es la carne en nosotros, para entrar en nuestra posición en Cristo y en la libertad que fluye de allí. El hecho de la lucha interior es la prueba de que hay una naturaleza que hemos recibido de Dios por el nuevo nacimiento. Solo por eso puede alguien decir, “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (Rom. 7:22). Esto fue el comienzo de la obra divina en nuestras almas. La convicción de pecados es una evidencia segura de ello. Y cuando los recién nacidos descansaron en el testimonio de Dios en cuanto a la obra acabada de Cristo, fueron plenamente justificados y recibieron el Espíritu para que morara en ellos.

 

La epístola a los Efesios arroja abundante luz sobre la posición en Cristo desde el punto de vista de los eternos consejos de Dios. 

 

Pero hay otro aspecto que tenemos que entender en cuanto al lugar y estado en el cual nos encontramos ahora y de cómo ha sido tratado, para que podamos aprehender lo que es estar en Cristo de acuerdo con ese maravilloso plan divino. Me refiero a nuestra conexión con la raza caída del primer hombre y la necesidad de una transferencia hacia un hombre completamente nuevo en Cristo.

 

En la epístola a los Romanos aprendimos que no solo nuestros pecados han sido tratados en la cruz de Cristo, sino que también la raíz que los produce, la carne en nosotros que proviene del Adán caído, ha sido condenada en la muerte del Hijo de Dios. Pero la verdad aún va más allá, y la epístola a los Colosenses nos lleva al final del hombre natural, al único que se le pueden aplicar estos principios en la carne. De modo que, aunque hay puntos de contacto con la verdad de Romanos, va más allá de esa epístola, que, si se discierne espiritualmente, aclara el camino para entender lo que tenemos delante de nosotros, comprender la total revelación positiva de “en Cristo” en Efesios.

 

¿Pero cómo hemos de acercarnos a la maravillosa revelación de lo que Dios tenía en Su corazón para nosotros desde la eternidad? Aunque el tema es sencillo, por cuanto es totalmente una cuestión de Dios actuando por Sí Mismo para llevar a cabo lo que había concebido para Su propia gloria en Cristo, la inmensidad de las bendiciones que están ante nosotros están más allá de toda imaginación. Adoración es la verdadera actitud del alma cuando recibimos tales anuncios; tal como el Apóstol busca consuelo, por decirlo así, en la grandeza de la revelación que llena sus pensamientos. No podemos sino ocupar con fe sencilla el lugar que nos ha sido dado, tal como el hijo pródigo en la fiesta del Padre, con corazones reverentes ante el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, y bendecir a Quien “nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.” Ninguna bendición ha sido retenida. En Cristo nos ha sido dada  toda bendición, de la más rica índole, en los lugares celestiales. No es sorprendente que el corazón del Apóstol esté rebosante cuando enumera por orden las bendiciones.

 

Nada puede ser más importante ahora para  apropiarnos de estas bendiciones que tratar de captar el punto de vista por el cual nos son presentadas. Efesios 1:4, “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo.” Observemos que somos llevados al pasado, antes de que comenzara la historia del hombre; incluso antes de que los fundamentos del mundo, que Dios aún tenía que habilitar para Su habitación, fueran colocados; antes de que el tiempo comenzara; para saber cual era la elección de Dios en la eternidad. No había aún actividad, sino que ÉL simplemente eligió, como convenía de acuerdo a Su propia naturaleza. Cuán sorprendente es leer en las siguientes palabras que somos “nosotros, en ÉL” los que somos vistos en la perfección de Cristo “santos y sin mancha delante de él en amor.”

 

El tiempo no es tomado en cuenta. Pero si era en Cristo que Dios nos tenía ante Él en la eternidad, fue cuando Cristo estuvo aquí en la tierra que se manifestó cual era la elección de Dios. Así en Mateo 3:16-17, los cielos fueron abiertos para ÉL y la voz del Padre proclamó “este es mi Hijo amado en quien tengo contentamiento”. Al contemplarle allí, ¿no era santo y sin mancha y en amor, el apreciado objeto de la delicia del Padre, ante Su propia mirada? Para ser eso, hemos sido escogidos en ÉL.

 

Pero junto con esta posición en Cristo ante Dios, nos viene a la mente la pregunta de cuál sería el vínculo que estaría de acuerdo con el corazón de Dios para aquellos que fueron escogidos para estar en ÉL. Porque, como observamos en todo este pasaje, lo que Dios se propone no es sólo para nuestro beneficio, sino también para Su propia satisfacción. Esto lo realza infinitamente. Y ahora encontramos los propósitos de Dios en acción. “Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo.” Si a Dios le hubiese placido ponernos en la posición de ángeles, cuán maravilloso nos habría parecido. Pero no eran esos Sus pensamientos. Los ángeles elegidos, aunque exceden en poder y siempre hacen Su voluntad, no son más que espíritus ministradores (es decir, siervos), y nunca podrían ser otra cosa. Pero la voluntad de Dios era que Su casa se llenara del clamor “Abba, Padre.” De modo que la filiación había de ser nuestro bendito vínculo “con ÉL”--nótese la parte más preciosa del versículo—“según el puro afecto de su voluntad.” Este vínculo también se manifestó en Cristo en toda la bienaventuranza del Hijo con el Padre, como hemos oído por la palabra “Este es mi Hijo amado.”

 

Sin embargo hay más, para lo cual estamos ahora en alguna medida preparados, cuando oímos de algo que ha de ser “para alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1:6), es decir, la total revelación de Su gracia.

 

Esto consiste en que ÉL nos “ha favorecido (porque la palabra dice nada menos que eso) en el Amado.” La frase repetida a menudo “en Cristo” en la epístola, en este versículo (v.6) es cambiada por designio divino, para resaltar que tal como el Hijo Amado goza de todo el favor en Su presencia, así también es nuestra posición. Somos amados en el Amado.

 

Estos versículos, en los que hemos estado meditando, expresan cómo Dios nos vio en Cristo desde la eternidad, por el designio de Su amor. Con todo, es de gran bendición que se reitera que en ÉL también tenemos redención (v.7), porque esto provee la base justa para la realización de los consejos. Constituye el vínculo entre los consejos de Dios y nosotros, que estábamos en nuestros pecados, e incluye el perdón de ellos. Solo que ahora no es la misma revelación de la gloria de Su gracia, como en nuestra aceptación, sino que somos tratados según las riquezas de su gracia por la pobreza de nuestra necesidad.

 

Pero todavía no ha sido dicho todo lo que hay para nosotros según el propósito de Dios. Debía haber una herencia digna de ese llamado –“ÉL os ha llamado” (v.18). Se trata de que ÉL nos da a conocer el misterio de Su voluntad, según Su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo; es decir, que cuando la dispensación de los tiempos se cumpliera, ÉL reuniría todas las cosas en Cristo, las que están en los cielos como las que están en la tierra. Ahora encontramos que hemos sido hechos herederos de toda la herencia de gloria, habiendo sido predestinados a ello “conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.”

 

Qué pensamientos de amor divino e infinito son estos, que nos son comunicados para que entremos en ellos con fe sencilla. Porque si los v. 4-6 nos hablan de Su llamamiento a todo lo que está tan infinitamente sobre a nosotros, los v. 9-11, añaden nuestra herencia en toda esa escena de gloria que estará bajo nosotros, todo hecho nuestro en Cristo.

 

Hay una cosa más que es necesaria para completar la gloriosa posición del cristiano, que también nos capacita para darnos cuenta de ella: es el ser sellado con el Espíritu Santo (v.13-14). “Y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa que es las arras de nuestra herencia.” Nuevamente podemos mirar hacia atrás y ver su manifestación en Cristo cuando ÉL estuvo aquí, y el Espíritu de Dios descendió como paloma y permaneció sobre ÉL. Es solo en ÉL y según la salvación que ÉL llevó a cabo para nosotros, que en el momento en que creímos las buenas nuevas recibimos el Espíritu Santo, y hemos sido así sellados para Dios, y ÉL es la garantía de todo lo que está ante nosotros en la gloria de la herencia, cuando la redención haya sido aplicada con poder.

 

Que este breve estudio, aunque parcial y defectuoso, de lo que se nos ha impartido con la expresión “en Cristo” sea usado para animar nuestros corazones a buscar entrar en toda la plenitud de la bendición que nos ha sido dada para disfrutarla por fe y por el poder del Espíritu Santo.